Nicaragua reescribe el poder: copresidentes, designados presidenciales y el regreso de una lógica casi feudal

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REPORTAJE ESPECIAL

La nueva reforma constitucional profundiza la concentración de poder en torno a Daniel Ortega y Rosario Murillo, mientras analistas observan similitudes con sistemas autoritarios contemporáneos y formas históricas de dominación basadas en la lealtad personal.

Por Emma Lastenia Amador

Periodista Investigadora

Nicaragua vuelve a modificar las reglas del poder.

Nicaragua vive una nueva transformación constitucional.  Apenas veinte meses después de aprobar la reforma que instauró la figura de la copresidencia, la Asamblea de diputados Nacionales y departamentales, controlada por el partido frente sandinista  aprobó una nueva enmienda constitucional que elimina la vicepresidencia mandato expuesto en el Artículo 126, que literalmente dice: La Presidencia podrá nombrar las y los Vicepresidentes que desempeñarán las funciones que les asignen, los que gozarán de inmunidad, y crea los "designados presidenciales".

La modificación parece técnica, pero sus implicaciones son profundas.

Mientras el Gobierno sostiene que la medida busca fortalecer la coordinación institucional y mejorar la gestión pública, críticos, opositores y analistas consideran que constituye un nuevo paso en la concentración del poder político alrededor de los copresidentes Daniel Ortega y Rosario Murillo.

El poder ya no se comparte: se delega

La reforma elimina uno de los últimos cargos tradicionales de sucesión presidencial.

El nuevo texto constitucional no establece límites precisos sobre el número de designados presidenciales ni detalla cuáles serán sus atribuciones. Únicamente señala que la Presidencia podrá nombrarlos y asignarles las funciones que considere pertinentes.

En la práctica, la nueva figura permite crear operadores políticos con amplias responsabilidades sin necesidad de pasar por las urnas ni por mecanismos independientes de legitimación

La pregunta inevitable es: ¿por qué crear una estructura completamente nueva cuando la Constitución ya otorgaba amplias facultades al Ejecutivo

Para los sectores críticos, la respuesta no se encuentra en una necesidad institucional, sino en la voluntad de ampliar y asegurar el control político del régimen sobre el Estado

La Asamblea que dejó de ser contrapeso

La reforma también vuelve a colocar bajo escrutinio el papel de la Asamblea Nacional.

En una democracia representativa, el Parlamento debe funcionar como órgano de deliberación y control del Ejecutivo. Sin embargo, la oposición sostiene que el Legislativo nicaragüense ha pasado a desempeñar principalmente un papel de aprobación de las decisiones emanadas desde la Presidencia.

La aprobación casi unánime de reformas constitucionales sucesivas fortalece la percepción de que los diputados oficialistas actúan más como operadores políticos de la cúpula gobernante que como representantes de intereses diversos de la ciudadanía.

Desde esta perspectiva, el principal beneficio para la bancada oficialista no sería jurídico sino político: mantener su posición dentro de la estructura de poder, reforzar su cercanía con la dirigencia sandinista y conservar cuotas de influencia dentro del aparato estatal.

¿Una nueva versión del feudalismo?

Aunque la comparación puede parecer extrema, varios elementos permiten establecer paralelismos históricos

Durante la Edad Media europea, los monarcas gobernaban mediante una red de nobles que administraban territorios y ejercían autoridad en nombre del soberano.

La legitimidad de esos señores no provenía del voto popular, sino de la confianza y la delegación de poder otorgadas por el rey.

Hoy, los designados presidenciales podrían desempeñar una función similar

Su poder no surgiría de una elección ciudadana, sino de una designación directa realizada por los copresidentes.

La analogía no implica que Nicaragua sea un Estado feudal. Existen enormes diferencias jurídicas, económicas y sociales.

Sin embargo, algunos especialistas consideran que la lógica política presenta semejanzas: concentración de poder en un núcleo dirigente y delegación de autoridad a funcionarios cuya posición depende de la lealtad hacia quien los nombra.

Cuba, Rusia, Irán y China: ¿hacia cuál modelo se acerca Nicaragua?

El nuevo sistema político nicaragüense tampoco encaja en las democracias presidenciales tradicionales de América Latina.

En países como Argentina, Brasil, Uruguay, Chile o Paraguay existe una sucesión constitucional claramente definida y una vicepresidencia electa por voto popular. Nicaragua ha optado por otro camino.

Similitudes con Cuba

La principal semejanza es la subordinación de las instituciones a un liderazgo político dominante.

Al igual que en Cuba, los críticos consideran que las decisiones estratégicas se toman desde la cúpula gobernante y posteriormente son respaldadas por las estructuras estatales.

Similitudes con Rusia

La comparación con Rusia surge por la personalización del poder.

Algunos observadores señalan que las instituciones formales continúan existiendo, pero el poder efectivo gira alrededor de un liderazgo centralizado.

Similitudes con Irán

En Irán existen estructuras formales del Estado, pero las decisiones fundamentales permanecen bajo la influencia de un núcleo superior de poder

Analistas identifican elementos comparables en Nicaragua, donde las reformas parecen fortalecer un centro político cada vez más reducido.

Diferencias con China

China mantiene una enorme burocracia estatal, mecanismos internos de selección de cuadros y planificación estratégica de largo plazo.

El caso nicaragüense no presenta hasta ahora características comparables de institucionalización burocrática ni de planificación estatal a gran escala.

La verdadera discusión

Más allá de la legalidad de las reformas, el debate de fondo gira alrededor de la legitimidad.

La cuestión no es solamente si la Asamblea puede reformar la Constitución.

La cuestión es si los cambios responden al interés nacional o a la consolidación de un proyecto político familiar.

La instauración de la copresidencia en 2025 y la creación de los designados presidenciales en 2026 parecen formar parte de un mismo proceso: la construcción de una arquitectura institucional diseñada para mantener el control político alrededor de una pareja gobernante que ha adaptado sucesivamente las reglas del sistema a sus necesidades de permanencia en el poder.

¿A QUÉ SE PARECE?

 

Feudalismo medieval

Poder concentrado en el soberano.

Delegación a funcionarios leales.

Autoridad basada en nombramiento.

Modelo cubano

Predominio del núcleo gobernante.

Modelo ruso

Personalización del poder

Modelo iraní

Concentración de decisiones estratégicas en una élite reducida.

La historia dirá si estos cambios fortalecieron al Estado o si representaron un paso más hacia la concentración absoluta del poder.


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