jueves, 27 de septiembre de 2012

¿Por qué nos cuesta tanto aprender idiomas?

La Esteliana/lastenia.accioninformativa@yahoo.es

Articulo publicados el miercoles 19 de mayo del 2010, septiembre 2012 aun actual

Estudio realizado por el equipo de Patrick Wong, de la Universidad de Northwestern, en Chicago, y publicado en la revista “Cerebral Cortex” en 2007 (ver artículo en http://www.diariosalud.net/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=4964)

Se estudiaron 17 voluntarios, cuya edad iba de los 18 a los 26 años. Únicamente conocían y hablaban en inglés (ninguna otra lengua extranjera). A todos ellos se les hizo aprender 18 palabras en un pseudoidioma inventado.

Acto seguido, se les midió el área de Heschl del hemisferio izquierdo (o circunvolución temporal transversa anterior). Esta área, que se corresponde al área auditiva primaria (o área 41 y 42 de la corteza cerebral) parece estar relacionada con la capacidad para aprender idiomas. Dicha medición la realizó el equipo del Instituto Neurológico de Montreal (Canadá), utilizando la resonancia magnética, y se cuantificó el tamaño del área de Heschl, y el volumen de la sustancia gris, y la sustancia blanca en dicho área.


El resultado fue que aquellos participantes cuya circunvolución de Heschl del hemisferio izquierdo era mayor lograban identificar las 18 palabras con mayor precisión (97%) que aquellos cuyo área era menor (sólo obtenían un 63% de acierto).
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Por otra parte, el estudio realizado por el Dr Karl Kim y diversos colaboradores de la Universidad de Cornell (Nueva York), y publicado por la revista Nature en julio de 1997, demostró que, cuando una persona aprendía dos idiomas durante la infancia, estos quedaban almacenados en una zona cerebral concreta.

Sin embargo, si las personas aprendían un idioma en la infancia, y otro durante su época adulta, las zonas donde ambos se almacenaban eran diferentes. Para llegar a estas conclusiones, hubieron de estudiar la zona de Broca (que es el área cerebral encargada del lenguaje) de 12 personas: Seis que conocían los dos idiomas desde la infancia, y otros 6 cuyo segundo idioma fue adquirido en la edad adulta. La prueba a la que se les sometió consistió en hacerles pensar, durante 30 segundos (sin emitir palabra alguna) lo que les había pasado durante todo el día anterior, y en cada uno de los idiomas que conocían.

 Y mientras lo hacían, era estudiada la actividad cerebral de cada individuo mediante diferentes técnicas de resonancia magnética. Así pudieron observar lo arriba relatado: Una misma zona cerebral para aquellas personas bilingües desde la infancia; y dos zonas cerebrales activas para aquellos que aprendieron el segundo idioma en la época adulta.

Esto podría explicar, en gran medida, lo difícil que resulta para los adultos aprender un idioma, cosa que, en la infancia, no sucede.

Pueden ver la noticia, tal y como se publicó, en el siguiente enlace: http://www.elmundo.es/salud/Snuosmer/97/S255/S255neurociencia.html

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