Cuando el ornamento sustituye al bosque: la discusión ambiental pendiente en Nicaragua

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Por Emma Amador | Reportaje Especial

Mientras América Latina y el Caribe enfrentan una creciente presión para proteger su riqueza natural, un reciente estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) lanzó una advertencia contundente: la región necesita invertir alrededor de 170.000 millones de dólares anuales para conservar y restaurar su biodiversidad, una cifra diez veces superior a los recursos que actualmente se destinan a este propósito.

El informe sostiene que la protección de los ecosistemas ya no puede ser vista únicamente como una política ambiental, sino como una condición indispensable para el crecimiento económico, la seguridad alimentaria y la resiliencia frente al cambio climático. 

Sin embargo, en Nicaragua, donde la deforestación continúa afectando diversas regiones del país y las áreas protegidas enfrentan crecientes amenazas, la discusión adquiere una dimensión distinta: ¿están siendo dirigidos los recursos públicos hacia la recuperación ambiental o hacia proyectos de carácter ornamental?

Dos modelos de inversión

Durante los últimos años, el gobierno de Nicaragua ha promovido la instalación de cientos de estructuras metálicas conocidas como "Árboles de la Vida", convertidas en uno de los principales símbolos urbanos del oficialismo.

Aunque estas estructuras forman parte del “paisaje” -no consultado con especialistas medioambientales-  de Managua y otras ciudades, se señala que esas estructuras metálicas no generan beneficios ecológicos comparables a los de un programa de reforestación. No producen oxígeno, no capturan carbono, no proporcionan hábitat para la fauna ni contribuyen a la recuperación de cuencas hidrográficas o bosques degradados.

En contraste, la restauración forestal implica acciones de largo plazo como la siembra y protección de árboles nativos, la recuperación de ecosistemas, la conservación de fuentes de agua y la protección de corredores biológicos.

"La diferencia entre un proyecto ornamental y uno ambiental es que el segundo genera beneficios permanentes para las comunidades y para la economía", sostienen expertos en sostenibilidad consultados por organismos regionales.

Un presupuesto ambiental bajo presión

La comparación resulta más relevante cuando se analizan las prioridades presupuestarias.

Organizaciones ambientalistas han advertido que las instituciones encargadas de la protección de los recursos naturales operan con recursos limitados frente a la magnitud de los desafíos ambientales del país.

Al mismo tiempo, Nicaragua enfrenta problemas estructurales como el avance de la frontera agrícola sobre zonas boscosas, incendios forestales recurrentes, extracción ilegal de madera y presión sobre reservas naturales reconocidas internacionalmente.

Para ambientalistas, el problema no radica únicamente en cuánto dinero se invierte, sino en cómo se invierte.

"Cada hectárea de bosque restaurada produce beneficios ambientales, económicos y sociales. Cada árbol que logra crecer ayuda a proteger fuentes de agua, reducir erosión y capturar carbono. Las inversiones ornamentales, por definición, no cumplen esa función", señala un análisis recurrente de organizaciones dedicadas a la conservación.

La biodiversidad como inversión económica

El estudio del BID y la CEPAL plantea que la biodiversidad debe ser considerada un activo económico estratégico.

La región alberga algunos de los ecosistemas más importantes del planeta, desde bosques tropicales hasta reservas de agua dulce y una extraordinaria diversidad de especies. La pérdida de estos recursos tiene consecuencias directas sobre la producción agrícola, el turismo, la disponibilidad de agua y la capacidad de adaptación al cambio climático.

Según los organismos internacionales, cerrar la brecha de financiamiento ambiental es esencial para sostener el desarrollo económico de América Latina en las próximas décadas.

Bajo esa perspectiva, la pregunta para países como Nicaragua trasciende el debate sobre infraestructura urbana o embellecimiento de las ciudades. La discusión de fondo gira en torno al modelo de desarrollo que se pretende construir.

Una decisión sobre el futuro

Mientras el BID y la CEPAL llaman a multiplicar las inversiones para proteger la biodiversidad, Nicaragua enfrenta el desafío de equilibrar sus prioridades en un contexto de creciente vulnerabilidad ambiental.

La disyuntiva no es simplemente entre plantar árboles o levantar estructuras decorativas. Se trata de decidir si los recursos públicos deben orientarse a símbolos visibles de carácter político y ornamental o a la restauración de los bosques, las fuentes de agua y los ecosistemas de los que depende el bienestar de las futuras generaciones.

Porque, al final, los árboles de acero iluminan una ciudad durante la noche. Los bosques, en cambio, sostienen la vida.


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